El rincon de los refranes

En casita y “acojonaos”

   ¡Qué pena de España! Resulta patético ver cómo cada provincia hace lo que le da la gana en un tema como el de la pandemia del COVID-19.

     Presidentes de comunidades y ediles aplicando medidas en función de la provincia o incluso del ayuntamiento. Se habrán dado casos de almacenes llenos de material de contención mientras el vecino estaba careciendo de ello, simplemente por pertenecer a otra demarcación geográfica.  No sé si esto hubiera sido posible, pero en un caso como éste, lo primero que debería haber implicado la aplicación de medidas especiales, sea cual fuere el número del artículo a aplicar, habría tenido que ser el cese en funciones de los 17 presidentes y parlamentos comunitarios, dejando en manos de los ediles la colaboración obligatoria para la aplicación de las medidas que emanen del gobierno de España. Para aclararnos, convertirnos en una nación de verdad, donde las leyes sean iguales para todos, o lo que es lo mismo, lo que deberíamos de ser “pa siempre”.

    Qué imagen estamos dando yendo “al mercado” a comprar materiales de protección cada comunidad por su lado, seguramente que en algunos casos incluso provocando una subida de precios con una demanda tan variopinta.

     Y respecto al tema de los datos y la información, qué manipulación más grande usando porcentajes aplicados sobre zonas geográficas reducidas. Solo ha faltado dar datos por barrios o por comunidades de vecinos, de tal guisa que si en una vivienda de 20 vecinos enferman 10,  puede parecer que el 50 por ciento de la población padece de esta nueva gripe. 

     Sobre las grandes movilizaciones de los defensores de los derechos de las mujeres, futboleros, mítines y demás aglomeraciones que se produjeron próximas a la fecha de obligatoriedad de permanecer en nuestros domicilios, algún día se sabrá si había o no motivos de peso para que hubieran sido suspendidos, pero ahora lo importante es ver cómo conseguimos descongestionar los hospitales, para que los que vayamos contaminándonos, que seremos la mayoría, podamos ser atendidos sin tanta aglomeración.  

   No sé cuál habrá sido el origen de este COVID-19 pero una cosa es cierta, nos está dando una lección de humildad a los humanos como jamás nos podíamos haber imaginado. Nos creíamos los amos del mundo con casi todo controlado y ha bastado una cosa que no tiene ni vida propia, millones de veces más chico que la punta de un alfiler, para encerrarnos en nuestro domicilio acojonados ante la incapacidad de controlarlo.

      Una generación investigando la fabricación de armas lo más mortíferas posibles, y ahora resulta que no nos sirven de nada ante  una tesitura como esta.

     Espero que nuestras mentes más ilustres sean capaces de controlar a este puñetero virus que tantos problemas nos está creando, y eviten que no se cumpla el dicho: “Cuidado con la recaída, que es peor que la enfermedad” y deseo más aún que cuando como es de esperar, llegue esta situación, seamos más consecuentes, nos demos cuenta de la fragilidad de nuestra existencia y utilicemos nuestros elementales cerebros en cosas más importantes que las  de ser más poderosos que los que nos rodean y se cumpla que: “En prisión y enfermedad se conoce la amistad”.  Esto último es muy bonito,  pero es muy posible que una vez superado este percance, vuelvan los egoísmos y las ansias de poder características de nuestra existencia.

    Y para terminar solo quiero transmitir mis más sentidas condolencias a todos los familiares y amigos de las personas fallecidas durante esta pandemia.

 Y desear que no se cumpla que: “Peste y carestía andan siempre  en compañía”.  

 A.M.-Treceño

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